Saltar al contenido
Arte oficial de 'Vinland Saga' con sus personajes principales y el logotipo de la segunda temporada

Redactor de Cine y series

Análisis#VinlandSaga

'Vinland Saga' o cómo se deja de odiar a alguien

En el primer episodio, un hombre enorme con cara de haber roto muchas cosas le dice a su hijo pequeño que no tiene enemigos. Nadie los tiene, le dice: ni tú, ni yo, ni nadie. Es una frase que en boca de casi cualquier otra serie sonaría a galleta de la suerte. 'Vinland Saga' se pasa dos temporadas enteras demostrando que es probablemente lo más difícil que se le puede pedir a una persona.

El hombre se llama Thors, fue el guerrero más temido de su generación y lleva años escondido en una aldea de Islandia intentando que se le olvide. El hijo se llama Thorfinn y tiene seis años. Lo que pasa después lo sabe cualquiera que haya visto medio tráiler: Thors muere a manos de un mercenario llamado Askeladd, y el niño se pasa la década siguiente viajando con la banda de su asesino, peleando por él, cobrándose duelos que siempre pierde, esperando el día en que pueda matarlo de frente.

La primera temporada es la que todo el mundo recomienda, y hace bien. Es la Inglaterra del siglo XI, el asedio de Londres, los ejércitos de Canuto el Grande, un Wit Studio en su mejor momento y una cantidad de violencia coreografiada con un gusto que no se ve todos los días. También es, con diferencia, la parte fácil. Askeladd se come la serie entera —es uno de los grandes personajes del anime de la última década, punto— y Thorfinn no es todavía un protagonista, es un cuchillo con piernas.

Y entonces llega la segunda temporada y hace lo que casi ninguna serie de éxito se atreve a hacer: le quita la espada al protagonista. Thorfinn acaba de esclavo en una granja, arrancando tocones de un campo que no es suyo, al lado de un tipo llamado Einar que ha perdido bastante más que él. Durante más de veinte episodios, un anime de acción decide no tener acción. Se lo cambian de estudio a MAPPA, se lo cambian de color, y lo que queda es un hombre que ha matado a decenas de personas preguntándose, por primera vez en su vida, si puede llegar a ser otra cosa.

Funciona por una razón muy concreta, y es que se ha ganado el derecho a decirlo. Hay muchas ficciones que predican la no violencia; casi todas lo hacen desde un sitio cómodo, sin haber enseñado nunca lo que la violencia le da a quien la usa. 'Vinland Saga' te enseña primero, durante veinticuatro episodios, exactamente lo que se siente al ser el más fuerte del barco. Por eso, cuando el protagonista renuncia a eso, sabes lo que está soltando. No es un sermón: es una factura.

Y la factura se paga en cosas nada épicas. Se paga trabajando de sol a sol, aguantando que te humillen sin devolver el golpe, midiendo cuánta tierra has limpiado hoy, aceptando que la gente a la que hiciste daño no tiene ninguna obligación de perdonarte. La serie insiste mucho en eso, y me parece lo mejor que tiene: ser mejor persona no le sale barato a nadie, y aquí se ve el precio en horas y en callos.

No todo sale bien. El frenazo entre temporadas descoloca a muchísima gente, y conozco a más de uno que abandonó en el episodio cuatro del arco de la granja convencido de que la serie se había estropeado. El ritmo de esa parte es lento de verdad, no lento de mentira: hay capítulos en que se ara un campo y poco más. Y varios secundarios estupendos de la primera etapa desaparecen sin que la historia les dé el cierre que se habían ganado.

Se la recomendaría a quien crea que ya ha visto todo lo que se puede ver de vikingos, porque va a durar dos episodios con esa idea. Y sobre todo a quien haya notado alguna vez que el rencor le estaba ocupando más sitio del que merece, que somos bastantes. No hace falta ser un guerrero islandés del siglo XI para reconocer lo que le pasa a Thorfinn: llevar años organizando la vida entera alrededor de alguien a quien odias es una forma bastante eficaz de dejar que esa persona te siga mandando.

Lo que queda dentro al terminarla, curiosamente, no es ninguna batalla. Es un chico aprendiendo a trabajar la tierra, y la sensación rarísima de haber visto a alguien cambiar de verdad, despacio y a pulso, que es como cambia la gente cuando cambia.

Para el lector en España

El manga de Makoto Yukimura se publica desde 2005 y en España lo edita Planeta Cómic, que va por el tomo 28 de la edición en castellano. El anime ha estado disponible en Netflix y en Crunchyroll, aunque conviene mirar el catálogo antes de empezarla porque la primera y la segunda temporada no siempre han estado en la misma plataforma.

← Más de Análisis

Lo último en Animux